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16 enero 2018. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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FRAGILIDAD HUMANA

La Vida epifita, amor e intriga con tensión

La primera novela publicada por Borja Castellano es un relato breve en el que, después de un arranque logrado, se condensa una trama original, pensada y estructurada con total precisión.

 
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La Vida Epifita
La Vida Epifita

En esta trama, el Conde y Cecilia, ven cómo surge entre ellos una relación difícil, especialmente para Cecilia, que no puede comprender la falta de decisión del Conde en la resolución o no del amor que parece mutuo. Para desenlazar el conflicto, se necesita la presencia de un tercer personaje, Feliciano Azcona, que en un momento anterior tuvo una actuación decisiva para la vida de Cecilia. También para la vida del Conde, que necesita desvelar a Cecilia un secreto clave para poder seguir adelante en la dirección que deja en sus manos.

Aunque es novela de amor e intriga, en el fondo, La vida epifita trata de la fragilidad humana, de la facilidad con que se cae en culpas inesperadas y reveladoras, así como de sus consecuencias. También, de la aceptación de la responsabilidad como parte de las premisas necesarias para llevar a efecto una relación justa. ¿Es posible recuperar las acciones efectuadas, actuar sobre hechos pasados? Depende, que se supone se diría en el lugar en que se ambienta la acción.

En la novela se exponen distintas alternativas excepto, quizá, la del perdón, a pesar de que no excluiría la reparación necesaria. En una ocasión, el fondo de la trama resulta adivinada por uno de los personajes que, sin poder saber los detalles, lee en los ojos del protagonista la auténtica inquietud que le está quitando la vida. También se aprecia un cambio en la protagonista femenina, de la actitud confiada a la reserva y el desconcierto.

Si en principio puede parecer contradictorio, quizá es la consecuencia de la vida epifita a que se ve abocada, una vida que mina el interior de la persona; que no es vida, en último término. El final llega bruscamente, después de una meditada búsqueda de solución, al igual que el esfuerzo por hacer creíble todo el conjunto de la situación; un trayecto narrativo en que el autor no quiere ser complaciente con sus criaturas ni con sus lectores.

En una segunda lectura, se pueden apreciar mejor los matices del relato. Ya no es necesario seguir adelante para conocer la solución de la partida –cuál se elige de las posibles soluciones de las jugadas- y se puede mirar mejor las márgenes del camino. Se ve entonces una novela llena de homenajes y guiños culturales y distintos temas de interés literario que rozan el núcleo de la trama.

Aparecen los personajes que se han quedado fuera de la obsesión del protagonista en que se focaliza la narración: el padre, la madre, el sacerdote del Hogar de huérfanos, el estudiante-camarero que quiere ser escritor y da pie a un interludio metaliterario, la asistenta con su gallego cerrado… el bosque y los caminos de la aldea. A través de ellos se manifiesta la capacidad de observación del autor, su visión poética y, en otro orden de cosas, asumir el riesgo de tratar temas actuales, como si no fuera una novela y se dijera directamente lo que se piensa en el mundo real.

En breve espacio, se presentan estas muestras –fogonazos más bien- de vidas cercanas a los tres personajes esenciales del nudo narrativo que se sustenta en la relación del Conde con Cecilia y que podría ser también teatral, con densos diálogos que proporcionan complejidad genérica a la novela. Una complejidad genérica que abarca también la poesía, especialmente, en lo medido de la concepción de la trama y la expresión. Con la misma atención aparecen cuidados otros aspectos del libro, como las ilustraciones de Almudena Salamanca que enriquecen el texto; así como la utilización de cambios funcionales en la tipografía.

En suma, La vida epifita es una novela convincente, bien ideada y escrita, que representa un excelente comienzo para la actividad narrativa del autor.

María José Alonso Seoane. Catedrática de Literatura Española.


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