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21 noviembre 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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HAY MUCHAS FORMAS DE AMAR

Muchos sexos, muchos amores, y todos en los libros

El marqués de Sade arrastra una fama complicada para su nombre… mientras nadie se acuerda de su mujer. Claro que de Maupassant sólo nos acordamos cuando truena. Quizá sea lo mejor

 
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¿UN MAL EJEMPLO?
Gérard Badou. <i>Renée Pélagie, marquesa de Sade</i>. Traducción de Elena Calvo. Subsuelo,  Barcelona, 2014.  175 p.. 18,00 €.
Gérard Badou. Renée Pélagie, marquesa de Sade. Traducción de Elena Calvo. Subsuelo, Barcelona, 2014. 175 p.. 18,00 €.
UNA EDUCACIÓN SENTIMENTAL
Guy de Maupassant. Yvette. Traducción de Luisa Juanatey. Pasos Perdidos, Madrid, 2014. 128 p.. 12,50 €.
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Pocos recuerdan ya a Yukio Mishima (aunque cambiarán las tornas, no lo duden ustedes), pero dedicó una obra de teatro a esta mujer rompedora y su historia. Renée Pélagie, aquí retratada por Gérard Badou, fue la rica y sumisa mujer burguesa del empobrecido y tiránico marqués de Sade, en cuyo nombre se resumen sus aficiones sexuales y sentimentales que ella tan bien conoció. Por exceso, que no por escándalo, esa vida turbulenta llevó a Donatien Alphonse de Sade a la prisión para nobles de Vincennes.

Sade estuvo casado 27 años con su mujer, de 1763 a 1790, es decir en el final del Antiguo régimen y el estallido revolucionario. Por sus actividades carnales y la propaganda de las mismas, y por verdaderos crímenes de sangre, Sade estuvo en prisión tres décadas. ¿Paladín de la libertad sexual avant la lettre o criminal sexual en cualquier caso?

No podemos ni debemos extrapolar a aquellas décadas nuestro sentido del amor, del matrimonio o del sexo. Fue un matrimonio sin amor sentimental previo, en el que la joven marquesa cumplió sus deberes y en el que el marqués satisfizo sus deseos menos convencionales con jovencitas y prostitutas, algo que en el momento no era ni delito ni escándalo. Entendiendo esto, Gérard Badou elabora a modo de ficción la vida y sentimientos de la marquesa, una mujer para la que en su época cabían pocas salidas fuese como fuese su marido, y que supo vivir con asombrosa dignidad incluso demasiado tiempo. Veremos aquí descrito cómo y por qué… lo que sí puede ser escandaloso para los cursis y puritanos que, revistiéndose de modernos, llenan nuestro tiempo.

La otra cara de la moneda

Guy de Maupassant tuvo la doble e inmensa suerte de no tener que escribir desde el tiempo pequeño que compartimos con Badou (el siglo XXI y sus miserias) y a la vez de hacerlo sin la libertad que no tuvo Sade en el XVIII. La vida literaria de Maupassant fue desde luego mucho más creativa y rica que la vida familiar y sentimental de Yvette, que poco a poco conoce los entresijos del amor y del placer, y también sus bajezas y se desilusiona de algunas esperanzas sin renegar del mundo.

Yvette es en cierto modo, aunque una narración, un reflejo de ciertas experiencias del mismo joven escritor periodista y vividor Guy de Maupassant. Ambos viven en un mundo mentiroso, peligroso, lleno de falsedad y de engaños, que es lo que no parece y parece lo que no es. Esto, que en el siglo XIX podía parecer llamativo y reservado a las cortesanas profesionales, a sus clientes y a sus imitadores, es enormemente más llamativo en el siglo XXI, puesto que lo que entonces fue excepcional y marginal es hoy habitual. Hoy no podría haber una Yvette ni hay un Maupassant, precisamente porque las experiencias de Yvette son mucho más comunes y no llamarían la atención y porque nuestras mejores plumas… se dedican a otras cosas.

La pasión de Yvette contada por Maupassant merece sin embargo ser disfrutada a estas alturas justo porque sólo sobre el papel tenemos acceso a ella y porque aún la necesitamos entender para no perdernos aspectos esenciales de la vida sentimental, afectiva y sexual. El riesgo de no leer a Maupassant es animalizar la vida íntima y reducirla o a una casi-obligación o a una simple descarga elemental. Un riesgo, por cierto, que la juventud corre más y más a medida que lee menos y menos… lo cual convierte tanto este libro de Badou como el de Maupassant en magníficos regalos para cualquiera de nuestros amigos adolescentes, digamos entre los 15 y los 45 años, o un poco más allá incluso.

¿Piensa usted que exagero? Pasee el sábado por la noche y cuénteme que ve usted y qué escucha, en detalle. No sea usted puritano ni clerical, entienda que el amor humano existe, y que a veces se expresa en sexo, y que eso no debe reducirse a lo más bajo pero tampoco quedarse en lo más falso. Hay ilusiones, y sólo perdiéndolas nos convertimos en simples objetos de carne. Nosotros ya no pensamos que la mujer deba dejar de ser ella misma cuando ama… pero empezamos a ver que la liberación de la mujer mal entendida (como la del supuesto hombre, por lo demás) sólo ha traído un rebajamiento de lo humano a lo zoológico que sólo a materialistas muy militantes puede complacer. Para ellos, si no quieren gozar de estos dos magníficos regalos literarios, Ediciones de Cristiandad ha editado un divertido "Adán y Eva después de la píldora". Puede que a ellos les baste. Otros queremos más y mejor, y gozando de la vida no huyendo de ella como Maupassant.

Pascual Tamburri Bariain

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