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18 noviembre 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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UNIDAD Y ABOLICIONISMO PRAGMÁTICO

Las dos lecciones que podría dar Abraham Lincoln en la España presente

El legado político del decimosexto presidente de los Estados Unidos aparece en una nueva perspectiva en el ensayo de Marín Alonso que acaba de publicar Gota a Gota, la editorial de FAES.

 
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¿QUÉ HARÍA ÉL?
Dice la leyenda urbana que muchos norteamericanos encuentran en el memorial de Lincoln en Washington D.C. inspiración para las decisiones difíciles.
Dice la leyenda urbana que muchos norteamericanos encuentran en el memorial de Lincoln en Washington D.C. inspiración para las decisiones difíciles.
LINCOLN, LIBERAL-CONSERVADOR
Martín Alonso. Ahora, y para siempre, libres. Abraham Lincoln y la causa de la Unión. Gota a Gota. Madrid, 2012. 439 pp. con ilustraciones. 22 €
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Abraham Lincoln condujo los Estados Unidos justo en el periodo de su Guerra de Secesión. Llegó a la Casa Blanca el 4 de marzo de 1861, y el 12 de abril los confederados bombardearon Fort Sumter, en la bahía de Charleston (Carolina del Sur), considerado su momento inicial. Y, tras ser reelegido, fue asesinado por John Wilkes Booth el 15 de abril de 1865, seis días después de la rendición del general Robert E. Lee.

Su labor de gobierno y su legado político han dividido a los historiadores y a los analistas como no ha sucedido probablemente con ningún otro presidente norteamericano. Martín Alonso, escritor y diplomático, figura entre sus más entusiastas defensores, y acaba de publicar un ensayo-biografía, Ahora, y para siempre, libres. Abraham Lincoln y la causa de la Unión (Gota a Gota) donde justifica por qué, además de aportar un doble e interesante arsenal documental: fotográfico, con imágenes de su protagonista poco conocidas, y sobre todo escrito, al reproducir, traducidos algunos de ellos probablemente por primera vez al español, los discursos y pronunciamientos más importantes en la vida de Lincoln, y que mejor reflejan su filosofía política.

Más conservador que progresista

Una filosofía que el autor reivindica como liberal-conservadora, frente a la apropiación progresista de su figura. Barack Obama, por ejemplo, senador por el mismo estado (Illinois) por el que había sido Lincoln miembro de la Cámara de Representantes, intentó apropiarse de un aura lincolniana yendo en tren a Washington para su jura como había hecho su insigne predecesor.

Pero Obama es un relativista, y Martín Alonso sitúa a Lincoln en esa tradición aristotélico-cristiana que cree en unos derechos naturales del individuo independientes de cualquier mayoría democrática. Razón por la cual se opuso a la esclavitud y se opondría hoy, afirma, al aborto. En su opinión, los sudistas -como los relativistas hoy- entroncaban más bien con la tradición que nace en Kant y cuaja en el despotismo rousseauniano de la voluntad general y de un historicismo que no cree en verdades objetivas e inmutables.

Pragmatismo al servicio de un fin

Lincoln fue un antiesclavista absoluto, en buena medida porque fue casi un esclavo en manos de su padre, a quien devolvió sus maltratos con un aborrecimiento que le impidió incluso acudir a su entierro. Pero no fue un abolicionista absoluto porque dicho movimiento de corte religioso que había surgido en torno a los años cuarenta estaba dispuesto a romper la Unión para ese fin.
 
William Lloyd Garrison, uno de sus líderes, prefería un Norte sin esclavos separado del Sur esclavista antes que una única nación sin ese problema resuelto. Lincoln, sin embargo, quería salvar la existencia de los Estados Unidos a toda costa, y al mismo tiempo conseguir revertir el esclavismo en la misma Constitución (la famosa Decimotercera Enmienda), para lo cual no tenía mayoría. En orden a ese fin necesitaba a los esclavistas del norte, a la vez que no permitir la transgresión del Compromiso de Missouri, que desde 1820 restringía el esclavismo al sur del paralelo 36.30.

En la práctica, sostiene Martín Alonso, no se trataba de lo que sucediese en el Sur: había un riesgo cierto de que los estados libres acabasen abrazando también la esclavitud si se constitucionalizaba. 

Pensando en España

Un complicado encaje de bolillos, pues, en el que un posibilista que no quiso sacrificar el fin a los medios logró los dos fines que se había propuesto. Y España se encuentra ahora ante dos situaciones para las que el ejemplo de aquel presidente puede ser interesante.

Una, la doble amenaza de ruptura del País Vasco y Cataluña: en Barcelona con el gobierno en acto, en Vitoria con el gobierno que se supone saldrá de las próximas elecciones autonómicas. Lincoln puso la unidad política de la nación como su objetivo prioritario y maniobró con quien fuera y como fuera para lograrlo.

Dos, la posibilidad de reversión del aborto, cuya legalización y promoción tantas veces se ha comparado con el esclavismo. Martín Alonso destaca cómo Lincoln dedicó dos años de intensa pedagogía política hasta lograr la mayoría en el Congreso y entre los estados que necesitaba para introducir la enmienda abolicionista. Mientras, utilizó el poder que sí tenía, como comandante en jefe de las tropas de la Unión, para el Decreto de Emancipación que dictó durante la guerra, y que los abolicionistas puros le reprocharon por parcial.

¿Van a ir en ambos sentidos las medidas de control del gasto autonómico, por un lado -talón de Aquiles del nacionalismo-, y de defensa de la maternidad como alternativa a la supresión del embarazo, por otro, que parece planea el Gobierno?

Los orígenes de los partidos en Estados Unidos

A través de los discursos de Lincoln, que reproduce y explica, el autor nos adentra en una fase muy interesante de la política norteamericana, como es la definición de los partidos republicano y demócrata en una línea que se mantuvo básicamente hasta los años sesenta y setenta del siglo XX. Fue entonces cuando el partido demócrata, arrastrado por el sesentayochismo y la multiculturalidad (Martín Alonso lo ha expuesto en otras obras), empezó a comportarse como una fuerza contraria a los fundamentos de la nación, hasta entonces compartidos por ambos partidos.

El viejo debate entre Thomas Jefferson (tercer presidente) y Alexander Hamilton en los tiempos de George Washington, de la Independencia y de la Constitución, o la desaparición del partido whig, o las tendencias que aflorarían tras la guerra, o el nacimiento de la dinámica electoral moderna con Andrew Jackson (séptimo presidente), son enmarcadas en Ahora, y para siempre, libres en la historia de los Estados Unidos y en la personalidad de su presidente más emblemático.

Estas páginas demuestran que sin la personalidad de Lincoln el país se habría roto independientemente del signo de la guerra. La esclavitud tal vez habría desaparecido con el paso del tiempo, pero el precio político habría sido demasiado alto. A quien siga sosteniendo el materialismo histórico y crea que el mundo lo mueven las relaciones económicas, estas páginas pueden mostrarle el valor de la determinación humana cuando va unida a la prudencia política.

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