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25 junio 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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UN ESTUDIO REVELADOR

Así se seleccionó a los gobernantes de España durante 400 años

En torno a los Reyes, un entramado de promoción e intereses muy vinculado a la nobleza sirvió tanto para designar hombres brillantes como para alimentar una corrupta trama clientelar.

 
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LA PASIÓN DEL PODER
La selección de las élites dirigentes en el periodo que abarca de los Reyes Católicos a Fernando VII dio lugar a una permanente interacción con la nobleza titulada y las aristocracias locales.
La selección de las élites dirigentes en el periodo que abarca de los Reyes Católicos a Fernando VII dio lugar a una permanente interacción con la nobleza titulada y las aristocracias locales.
LOS QUE MANDABAN
Pere Molas. Los gobernantes de la España moderna. Actas. Madrid, 2008. 354 pp. 30 €
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Existe toda una rama de la Historia que estudia no sólo quiénes gobernaron y qué hicieron, sino cuáles eran su características como clase social. Porque la realidad de ser un grupo aparte de los demás condiciona la labor política en una forma sutil pero decisiva.

Hoy ya es corriente hablar de los aparatos de los partidos como una casta aparte de creciente endogamia e incluso "parasitaria", y ya son clásicos los libros del Equipo Mundo o de Amando de Miguel sobre la procedencia de los ministros de Francisco Franco como fuente para entender su régimen. Y existe multitud de acercamientos académicos a la considerada edad de oro de la burguesía, el siglo que va de Isabel II al final de la Restauración.

Los políticos de la monarquía

Ese análisis es tanto o más apasionante referido a la España anterior al liberalismo, esto es, la del régimen monárquico en sentido estricto -cuando el Rey gobierna-: desde los Reyes Católicos en cuanto cierran la unidad del Estado moderno, hasta Fernando VII. Son casi cuatro siglos, tres dinastías y una docena de reyes que se hacían responsables de sus decisiones, pero compartiendo su gestación y aplicación con ministros, consejeros, secretarios, validos y miembros destacados de la Corte.

A todos ellos les consagra Pere Molas, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona, un excelente trabajo bajo el título Los gobernantes de la España moderna (Actas). Es un área de constantes aportaciones historiográficas, pero este volumen tiene una ventaja sobre los demás: pone a disposición del lector una completa historia de nuestro país desde 1492 hasta 1833, desde el punto de vista de quienes la hicieron en el segundo escalón del poder.
 
En buena medida, aristócratas. Aunque habría que distinguir entre quienes accedían al mando por su pertenencia a familias próximas al Rey, y quienes, procedentes de ramas segundonas o como funcionarios de probada eficacia, recibían un título nobiliario en reconocimiento a los servicios prestados. Molas considera que existió implícitamente una correspondencia entre el mando ejercido y la distinción social que el título implica. Es un proceso que fue in crescendo una vez que Isabel y Fernando vencieron el intento nobiliario de mantener sus prerrogativas -un poder ajeno al de la Corte-, y la autoridad se fue concentrando en torno al monarca.

Aunque eso no impidió la desconfianza de, por ejemplo, Carlos I hacia los aristócratas. Ni la formación de partidos en el seno de los distintos Consejos (como los partidarios del futuro Felipe II frente a los de su padre) o el enfrentamiento de personalidades fuertes como Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli, y Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, bajo el Rey Prudente, o del cardenal Portocarrero y el presidente del Consejo de Castilla, Manuel Arias, con Felipe V, o Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, y Pedro Rodríguez, conde de Campomanes, con Carlos III.

La renovación de las élites dirigentes no chocaba sólo con los recelos de los instalados ante los advenedizos, sino con la costumbre de que ciertos cargos (el de mayordomo real, o algunos secretariados) se transmitiesen a hijos o familiares a modo de sucesión doméstica. Así incluso con el valimiento, y tras la renuncia de Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma, tras veinte años de poder omnímodo, le sustituyó en 1618 su hijo el duque de Uceda, y a la caída de Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, le sustituyó en 1643 su sobrino Luis Méndez de Haro.

Lugar aparte en las complicadas relaciones de poder merecen los confesores reales, de variada extracción social y diversa apetencia de protagonismo, pero en todo caso muy influyentes sobre la conciencia de los Reyes, en general para bien y no siempre escuchados.

Conociendo el origen y las relaciones de medio centenar de nombres ilustres, cuyos avatares reflejan estas páginas, se conoce la historia de España mucho mejor. Pere Molas ha profundizado en todos ellos y en muchos más, mostrando una clase dirigente con cierta movilidad y capacidad de oxigenación, y un sistema de extracción de líderes que, a partes más o menos iguales, encumbraba a brillantes servidores del Estado (son los siglos de España como potencia mundial) u otorgaba prevalencia a personajes acostumbrados a la venalidad o el nepotismo.

Excelente aportación al conocimiento de nuestra historia, con valor de investigación y hechuras divulgativas, que se lee como una entretenida narración de intrigas, matrimonios, cárceles, batallas y alta política.

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