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24 julio 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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ENTRE EL BUENISMO Y LA VACUIDAD

Para entender once años de culto a la personalidad que tocan a su fin

La hegemonía de Zapatero en el socialismo español pasará a la historia como una época dominada por el binomio sectarismo-relativismo que ha fomentado la división y el enfrentamiento.

 
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EL 20-N, ADIÓS
El año y medio de larga agonía del zapaterismo ha puesto de manifiesto todas las carencias con las que se hizo cargo del PSOE tras la derrota de 2000.
El año y medio de larga agonía del zapaterismo ha puesto de manifiesto todas las carencias con las que se hizo cargo del PSOE tras la derrota de 2000.
PARA RECORDAR LO QUE FUE
Santiago González. Lágrimas social-demócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo. La Esfera de los Libros. Madrid, 2011. 395 pp. 21 €
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Muy pocos eran los que conocían, incluso dentro de su propia formación política, a José Luis Rodríguez Zapatero cuando en julio de 2000 se convirtió en el secretario general de los socialistas. A partir de ese momento, tuvo manos libres para transmutar "intelectualmente" a un partido huérfano de liderazgo tras el "felipismo".

Sin embargo, como bien argumenta el periodista de El Mundo y Onda Cero Santiago González, tras once años, el político nacido en Valladolid no ha cumplido esa misión cuasi-mesiánica de transformar a su partido, después a España y, en última instancia, el mundo. Pese a este duro revés, él y todos aquellos que le jalearon desde tribunas mediáticas y desde el hemiciclo creen que los equivocados somos los demás.

Así, aunque el zapaterismo ha gustado presentarse como la quintaesencia de la moralidad, no ha sido más que una "ideología" que ha favorecido la existencia de dos varas de medir. Dicho con otras palabras: sólo tenía en cuenta quién era el sujeto de la acción, de tal modo que si ésta la protagonizaba "uno de los suyos", era válida. En caso contrario, había que descalificar al adversario.

Ejemplos los hemos tenido en todos los ámbitos, como el cine, donde ha encontrado a los aliados más incondicionales. Directores y actores practicaron el hooliganismo pro-zapateril antes incluso del 14 de marzo de 2004. Ellos son exponentes de lo que el zapaterismo mejor ha ejemplificado: la ausencia de autocrítica. Así, ante el descenso (alarmante) de público a las películas españolas, el culpable era el PP, nunca la mala calidad de las cintas, basadas en muchas ocasiones en una interpretación torticera de la historia reciente de España. Como enfatiza Santiago González, el anti-franquismo sobrevenido ha caracterizado a los acérrimos del proyecto revisionista de Zapatero.

Asimismo, han sido ocho años donde la palabra "responsabilidad" ha quedado fuera del vocabulario del equipo gubernamental. Por el contrario, éste siempre ha acusado a alguien de entorpecer su mega-proyecto: en el terreno de la economía, a los "mercados" (como si fueran personas de carne y hueso) y en lo referente a la organización territorial del Estado, al PP. En este punto es obligado recordar el Pacto del Tinell, ejemplo de cordón sanitario que se hizo contra la formación de Mariano Rajoy, un auténtico apartheid político y social, aderezado con insultos y cuando no, amenazas, siempre necesarias según la turba buenista.

Buscar el enfrentamiento con el "otro" (el PP) ha sido signo distintivo del zapaterismo y de su ideología buenista. Para tal fin, la estrategia era clara: se le acusaba justo de aquello que las huestes en el poder fomentaban, como es la división, y lo aderezaban con el uso de epítetos como "derecha extrema". Contundencia verbal, que no argumental, para lograr el titular fácil y el aplauso de los suyos. Una endogamia sin límites.

Complementariamente, el socialismo era sinónimo de conceptos como "paz", "igualdad", "libertad"… pero como hemos podido ver, y Santiago González nos narra magistralmente, también de cinco millones de parados, de pérdida de peso en la esfera internacional y de rendición ante ETA.

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