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19 junio 2018. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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LA LEY NATURAL

Un libro fundamental para entender la crisis actual

El liberalismo, con separación de poderes, derechos humanos y libre mercado, es tributario del cristianismo. Sólo un marco cultural cristiano explica este marco político… y sus peligros.

 
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ENCRUCIJADA EUROPEA
Francisco José Contreras. <i>Liberalismo, catolicismo y ley natural</i>. Prólogo del Autor, 1949-1958. Ediciones Encuentro, Madrid, 2013. 352 pp. 21,00 €.
Francisco José Contreras. Liberalismo, catolicismo y ley natural. Prólogo del Autor, 1949-1958. Ediciones Encuentro, Madrid, 2013. 352 pp. 21,00 €.
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Uno de los criterios que determinan la pertinencia y calidad de un libro es su capacidad para cuestionar al lector sus prejuicios, ideas y conocimientos sobre la temática tratada. Para ello, deberá proporcionar argumentos razonados e incuestionables en los que basar sus tesis: sin máscaras ni mercancías averiadas. Y si, además, le incita a profundizar en las fuentes citadas, descubriendo al lector, de paso, nuevas perspectivas y campos del conocimiento tratado (entre muchos, destaquemos en el caso que nos ocupa a Friedrich Hayek y Ludwig Von Mises); puede afirmarse con justicia –insistimos, si concurren todas esas circunstancias- que el libro que a continuación comentamos supera meritoriamente semejante listón.

Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, es un prolífico y joven autor que reúne en este libro diversos textos, procedentes de medios y revistas especializados, bajo un título en apariencia no excesivamente atractivo. Pero ese conjunto, en una primera mirada, aparentemente inconexo, goza de una profunda unidad que, poco a poco, con la firmeza del intelectual de una pieza y la precisión del cirujano, introduce al lector, sugestivamente y con un lenguaje claro y austero, en la realidad de una Europa, y una España con ella, en profunda crisis; cuya expresión acaso más dramática sea el declive demográfico –gravísima realidad censurada desde las factorías de lo políticamente correcto-, pero también su nihilismo existencial y cultural, la hipertrofia coadyuvante en la crisis del Estado, y la revolución antropológica y estructural del cortoplacismo.

Como liberal-conservador que no se esconde, juzga que el liberalismo caracterizado por la separación de poderes, los derechos humanos y el libre mercado, es tributario del cristianismo. Así, el liberalismo únicamente podía nacer y desarrollarse en un marco cultural cristiano. Y los hechos avalan tan olvidada como incómoda tesis: semejantes índices de desarrollo cívico y humanización se dieron en la civilización occidental fruto del cristianismo; ni en el seno del Islam, ni del budismo, ni del hinduismo, etc.

Pero sufrimos las contradicciones de una civilización en deriva y declive de modo que, como se afirma en la contraportada del libro, "No puede sorprender, pues, que la descristianización y la erosión del Estado liberal hayan progresado de la mano. El futuro del Occidente liberal es incierto" .

Después del inicial y breve prefacio, desarrolla un apasionante ensayo sobre catolicismo y liberalismo que, sin duda, será polémico y causa de escándalo para quienes siguen afirmando su incompatibilidad. El autor es contundente en sus juicios, sin eludir la cuestión a lo largo de su elaborado discurso, circunscribiéndola en el siguiente párrafo: «Resultan del máximo interés, en este sentido, las indicaciones de Benedicto XVI en su importante discurso a la curia de 22 de diciembre de 2005. Es cierto que, en este documento, el Papa rechaza la "hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura", que concibe el Concilio como una cesura en la historia de la Iglesia y estima que habría que ir más allá de sus textos en pos de un etéreo "espíritu del Concilio" que cada uno interpreta a su conveniencia. Pero la alternativa a la hermenéutica de la ruptura no es una supuesta "hermenéutica de la continuidad" (que, según los tradicionalistas, implicaría que siguen intactos los anatemas antiliberales del XIX). La verdadera alternativa, según el Papa, es la "hermenéutica de la reforma", que implica "continuidad y discontinuidad en diferentes niveles"» .

Desde este marco previo, de manera persuasiva –otro de los méritos del texto-, va introduciendo al lector en el panorama real y concreto que presenta la crisis occidental actual y que desarrolla en los cuatro capítulos siguientes.

El primero de ellos, "Europa", aborda el invierno demográfico: sus causas y falsas soluciones. Esta circunstancia -efecto inconsciente e inesperado de una crisis global y de civilización- la vincula a la renuncia europea de sus raíces cristianas, estudiando ampliamente "¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar al cristianismo?", a lo que suma sus reflexiones sobre la necesidad de un nuevo lenguaje para la cultura de la vida y un preclaro estudio sobre las críticas que desde el laicismo ha generado la nueva constitución húngara.

El segundo capítulo es "Catolicismo". En él, Contreras reivindica el papel de la razón humana, su intrínseca imbricación en el hecho cristiano, y la aportación decisiva del cristianismo en el nacimiento y el desarrollo de la ciencia en Occidente. Disecciona a continuación, en "Cristofobia y antidiscriminación", la virulenta hostilidad que desde el pensamiento único, lo políticamente correcto, los medios de comunicación y la acción institucional, se ha desplegado en Europa frente a la presencia pública de las iglesias cristianas, especialmente, la católica. Su colofón es un interesante estudio de la figura de San Juan de Ávila, estableciendo no pocos paralelismos entre la situación que afrontó ya en el siglo XVI y la que padecemos hoy día.

El tercer capítulo es el intitulado "Liberalismo", con esclarecedores apartados como "La siempre aplazada pedagogía del liberalismo" (criticando la ausencia de ideas en la derecha, las ventajas naturales de una izquierda que cultiva la instintividad, emotividad y desresponsabilización, que confluyen en el permisivismo y el igualitarismo); su propuesta del conservadurismo norteamericano como modelo para el centro derecha europeo; y una formidable crítica liberal del Estado del Bienestar de medio centenar de densas y sugestivas páginas.

El último capítulo, "Ley natural", lo conforman dos apartados; acaso los más complejos para los profanos en Filosofía del Derecho. El primero, "Laicidad, razón pública y ley natural", parte de la siguiente afirmación: «Ni los cristianos debieran temer el concepto de laicidad, ni los llamados "laicistas" deberían aborrecer tanto a los cristianos… Pues, en realidad, la laicidad es una de las grandes aportaciones del cristianismo a la cultura occidental (como ha reconocido, por ejemplo, Jürgen Habermas)». Aquí debate acerca de las polémicas entre los conceptos de "razón pública" y "ley natural". El capítulo se cierra con el artículo desarrollado a partir del enunciado del interrogante "¿Debemos alegrarnos de la muerte del positivismo jurídico?"

Con este texto, lúcido alegato contra el radical-progresismo y su hegemónica "ideología de género", sin duda, Contreras se señala como uno de los más sólidos e innovadores intelectuales del entorno católico español, desde unas posiciones incómodas e impopulares incluso para muchos correligionarios, pero a quien habrá que escuchar, releer y seguir con asiduidad sus juicios de autoridad y honradez intelectuales.

Fernando Vaquero Oroquieta

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