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25 marzo 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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LA RAÍZ ANGLOSAJONA

Un instructor olvidado del Rey reivindica una monarquía distinta

Las cartas de Ángel López-Amo a Don Juan Carlos, publicadas cuando aún no había sido designado por Franco como su sucesor, muestran una forma de gobierno muy distinta de la actual.

 
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OTRA PERSPECTIVA MONÁRQUICA
Ángel López-Amo. <i>El principio aristocrático.</i> Introducción de Jerónimo Molina. Isabor-Sociedad de Estudios Políticos. Murcia, 2008. 160 pp. 16 €
Ángel López-Amo. El principio aristocrático. Introducción de Jerónimo Molina. Isabor-Sociedad de Estudios Políticos. Murcia, 2008. 160 pp. 16 €
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La Sociedad de Estudios Políticos de la Región de Murcia, bajo el entusiasta impulso de su presidente, el profesor Jerónimo Molina, ha comenzado la publicación de una serie de obras escritas por pensadores españoles del siglo pasado a los que con toda justicia se puede calificar de "Juristas de Estado" y que hoy se hallan sumidos en el olvido más completo, por la sencilla razón de que no encajan en la corrección política dominante. No encajan, desde luego, porque eran conservadores o de derechas, pero también a causa de la indigencia intelectual de nuestro centroderecha actual, incapaz de trascender los estrechos límites de una determinada concepción del liberalismo.

La primera obra de esta colección reúne bajo el título de El principio aristocrático diversos trabajos (discursos académicos, conferencias, artículos) del profesor Ángel López-Amo (Alicante 1917-Washington 1956), que fue catedrático de Historia del Derecho en diversas universidades españolas, para acabar haciéndose cargo de la cátedra de Derecho Político en el Estudio General de Navarra (hoy Universidad de Navarra). Desde esta última posición académica, instruyó al príncipe Don Juan Carlos de Borbón en la materia mencionada a través de una serie de cartas, más tarde publicadas en el diario La Vanguardia y que también se incluyen en la presente edición, serie que se truncó repentinamente por el trágico fallecimiento del profesor López-Amo en accidente de tráfico durante una estancia en los Estados Unidos de América.

Los trabajos del profesor López-Amo reunidos en el volumen que nos ocupa van precedidos de una Advertencia de Molina, que constituye la presentación y, al mismo tiempo, la justificación de toda la colección, así como de un estudio preliminar a cargo de Miguel Anxo Bastos Boubeta, profesor titular de Ciencia política y de la Administración en la Universidad de Santiago de Compostela (que era, por cierto, la universidad pública en la que prestaba servicios López-Amo antes de pasar al Estudio General de Navarra). Este último se encarga con brillantez de la importante tarea de situar el pensamiento del autor en su contexto histórico e ideológico, y de desvelar sus conexiones con corrientes políticas actuales poco conocidas para el gran público en España debido a esa estrechez de horizontes ideológicos en la que nos movemos y a la que antes hacía referencia.

Otro liberalismo es posible

El pensamiento de López-Amo se enmarca con toda evidencia en el tradicionalismo hispánico, aunque con la originalidad de que en él esta tendencia se abre a la influencia de un liberalismo que no es el que ha predominado históricamente y sigue predominando hoy en España, pero que, en cambio, tiene una larga tradición en el mundo anglosajón, desde la crítica inglesa a la Revolución francesa hasta el ideario conservador y libertario estadounidense, todavía vivo e influyente. Esta peculiaridad dota a su obra de un interés actual y evita que se tenga que estudiar como una curiosidad meramente arqueológica.

En realidad, en nuestro país el enfrentamiento entre dos corrientes liberales distintas se retrotrae a los tiempos de las Cortes de Cádiz, cuando los reformistas de inspiración inglesa, partidarios de una evolución matizada desde el Antiguo Régimen, chocaron con los revolucionarios de impronta francesa y jacobina. Sin embargo, ese debate ideológico quedó rápidamente sepultado por la lucha a muerte entre los tradicionalistas contrarios a cualquier compromiso con el liberalismo y unos liberales cuya división interna entre moderados y progresistas no retomaba los planteamientos gaditanos, ya que tanto unos como otros partían del modelo jacobino impuesto en Francia, limitándose el ala más derechista a asumir las correcciones conservadoras y autoritarias introducidas por Napoleón Bonaparte, que dieron lugar al llamado régime administratif.

Tampoco el canovismo de la Restauración, a pesar de su declarada admiración por el sistema político británico, supuso la introducción de ese otro tipo de liberalismo. Como sucede casi siempre en España cuando se importan instituciones políticas o jurídicas extranjeras, se intentó trasplantar de manera aislada y fuera de contexto uno solo de los elementos del sistema británico, el bipartidismo y la alternancia pacífica en el poder, y al superponerse sobre el panorama social y político que había dejado la imperfecta implantación del Estado liberal de tipo jacobino-napoleónico, el resultado fue el que todo el mundo conoce.

El pensamiento de López-Amo parte de la crítica a la Revolución francesa, en la que coinciden tradicionalistas y libertarios, por la destrucción de la estructura orgánica del Antiguo Régimen, que garantizaba frente al poder político la libertad del ser humano encuadrado en formaciones sociales espontáneas mejor que el "absolutismo de la libertad" individualista revolucionario. Identifica también correctamente en las inclinaciones absolutistas del Despotismo Ilustrado francés el precedente que allanó el camino a la Revolución, la cual, en realidad, no hizo otra cosa que llevar hasta sus últimas consecuencias lo que aquél había empezado, pero no pudo terminar por los obstáculos que derivaban de la Constitución tradicional del Antiguo Régimen, que fue justamente lo que barrió con toda su violencia el huracán revolucionario.

La monarquía de la reforma social

Su reivindicación de la aristocracia, que da título a la obra que nos ocupa, debe entenderse en este contexto. Lo que el autor defiende no es la aristocracia reducida a la ociosidad cortesana, generada precisamente por el absolutismo monárquico y que sumió a la institución en el desprestigio, provocando el odio popular que desembocó en la guillotina, sino la función original de la aristocracia como servicio antes que como privilegio, rastreable en la tradición germánica y medieval.

Aunque la interpretación histórica de esos precedentes en la que se basa López-Amo hoy necesitaría de muchas precisiones, ello no priva de fuerza a su razonamiento político, que va unido de forma lógica a una profunda crítica de la incapacidad de la burguesía para asumir como clase dirigente post-revolucionaria ese mismo espíritu de servicio, trascendiendo los intereses egoístas privados o de clase. Pero también la crítica de la burguesía está construida de una forma muy matizada, sin incurrir en los lugares comunes de la crítica marxista a aquélla como clase explotadora; de hecho, el autor se cuida de precisar con admirable lucidez que la burguesía que hizo la Revolución no fue la de carácter artesano o mercantil, productora de riqueza, sino la de los leguleyos improductivos, que pronto lograron el apoyo de las altas instancias financieras.

Y aquí es donde se ubica la parte central del pensamiento de López-Amo, la doctrina de la monarquía de la reforma social, que trató de inculcar a su discípulo Juan Carlos de Borbón. Igual que en el Antiguo Régimen la monarquía sirvió de contrapeso al estamento nobiliario, evitando la exclusión social a que conducían los privilegios aristocráticos al abrir con su voluntad soberana el acceso al ejercicio de las funciones públicas a los plebeyos más capacitados, en el Estado liberal aquélla estaría llamada a ejercer una tarea similar de compensación de las diferencias sociales, mitigando la lucha de clases e impidiendo la apropiación del poder por una sola de ellas.

Mención especial merecen las atinadas reflexiones del autor sobre el federalismo. El tradicionalismo español siempre rechazó el centralismo afrancesado y López-Amo, como se puede colegir de lo ya dicho sobre su crítica al liberalismo jacobino, se suma a esta opinión. Sin embargo, ello no le hace derivar, como le ha ocurrido a muchos tradicionalistas, hacia el nacionalismo y su federalismo asimétrico o confederalismo más o menos secesionista y, en todo caso, insolidario, porque se da cuenta perfectamente de que éste implica la reproducción del proceso de creación del Estado liberal centralizado a pequeña escala, de manera que donde aquél rompía barreras interiores, el neojacobinismo regional las pone de nuevo con el fin de crear sociedades cerradas condenadas a ser la clientela forzosa de una clase política local dueña de la moderna Administración prestacional.

La actualidad del pensamiento de López-Amo

El profesor Ángel López-Amo falleció prematuramente en 1956. Es imposible saber cómo habría evolucionado su pensamiento, sobre todo desde la designación de su discípulo como sucesor del general Francisco Franco a título de rey, y durante el posterior proceso de Transición a la democracia.

Lo que está claro es que su monarquía de la reforma social no es la que existe hoy en España, ni en ninguno de los otros países de nuestro entorno que conservan la forma monárquica de la jefatura del Estado. Más bien lo que tenemos es una monarquía mediática, que no ejerce función política alguna más que la de tratar de asegurar la propia supervivencia mediante el manejo de su imagen pública sin ahorrarse ninguna indignidad, como es inevitable para quien se decide a entrar en el juego de los modernos medios de comunicación social de masas.

Una institución rebajada a semejante nivel no le puede interesar políticamente a nadie, y que se mantenga o no resulta del todo indiferente para los destinos de la nación. Por eso lo más interesante del pensamiento de López-Amo en la actualidad, como bien señala el profesor Bastos Boubeta en su estudio introductorio, es el puento de unión que tiende entre el tradicionalismo español y las corrientes del libertarismo y del vétero-conservadurismo estadounidenses, mostrando caminos para preservar la santa libertad frente a las nuevas formas de opresión política y abriendo horizontes de pluralidad ideológica en un centroderecha muy limitado intelectualmente.

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