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25 marzo 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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INTELECTUAL DECISIVO

Un hombre molesto para todos pero inevitable para entender España

Carl Schmitt, mito y realidad, fue un pensador esencial en el siglo XX español, como jurista, pensador y referente. Quizá por eso es incómodo, como demuestra Jerónimo Molina.

 
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INTELECTUAL DECISIVO
Carl Schmitt, mito y realidad, fue un pensador esencial en el siglo XX español, como jurista, pensador y referente. Quizá por eso es incómodo, como demuestra Jerónimo Molina.
Carl Schmitt, mito y realidad, fue un pensador esencial en el siglo XX español, como jurista, pensador y referente. Quizá por eso es incómodo, como demuestra Jerónimo Molina.
INJUSTICIA DEL SIGLO XX
Jerónimo Molina Cano. Contra el "mito Carl Schmitt". Prefacio del autor. Universidad de Murcia Servicio de Publicaciones – Serie Edit.Um Res Publica, Murcia,, 2014. 228 p.. 20,00 €.
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Lo que el profesor Jerónimo Molina Cano ha hecho no tiene precio y casi tampoco nombre. Ha dedicado una parte fundamental de su trabajo académico a hacer luz sobre un personaje sistemáticamente oculto –o más bien ocultado- en el pensamiento español y europeo del siglo XX, como fue Carl Schmitt. Y ha conseguido que su peso en el pasado y su importancia en el presente que vivimos sean innegables, que ni sus más encarnizados detractores puedan ya olvidar la existencia o negar la importancia del primer y principal predicador del realismo jurídico y político en el siglo XX.

Sí es verdad que había, y sigue habiendo, un "mito Carl Schmitt" sobre el viejo de Plettenberg, cifrado en dos falsedades que distorsionan su obra y son difíciles de combatir. Schmitt fue responsabilizado del triunfo nazi, como si seguir sus advertencias antes de 1933 no hubiese podido ser la mejor manera de privar de expansión a Hitler. Y sobre todo, prescindiendo de la acusación parda tan difícil de rebatir una vez muertos todos y viva sola la falsedad, a Schmitt se reprocha su realismo jurídico y político, se le atribuye una visión inmoral o más bien amoral de la política y de la vida pública. ¿Quién se lo reprocha, los corruptos que nos gobiernan, los inútiles que nos han gobernado, las siglas llenas de trepas y hueras de principios? Así parece, y no conscientes de su ridículo intelectual persisten en ello. Bien es cierto que, desde esta generación de políticos, Schmitt estará mejor defendido que nunca: la ignorancia y la incultura de los líderes de la sociedad le protegerán de todo ataque.

A lo largo de muchos años, Jerónimo Molina ha investigado sobre Schmitt y ha rehecho su imagen, sin tratar de manipularlo como se hizo en todas las fases anteriores de su entrada en España. Schmitt fue "filósofo de la cultura introducido por Eugenio d´Ors a finales de los años veinte", fue "constitucionalista politizado, estudiado y divulgado por Nicolás Pérez Serrano durante la II República", fue "adversario del parlamentarismo demoliberal bajo el régimen de Franco" y fue siempre "crítico del positivismo y el formalismo jurídico desde finales de los años setenta". Pero la enorme virtud de los ensayos sobre Schmitt y su recepción en España aquí reunidos por Molina es que prima la visión de conjunto y la objetividad, también con atención a aspectos y detalles a veces olvidados de la obra del sabio alemán. Un hombre no sólo admirador de España sino él mismo decisivo en la formación del pensamiento español. Y más que podría haberlo sido, de no ser por los prejuicios a que hubo de enfrentarse.

Y sobre la política, las palabras de José Javier Esparza hace bien poco siguen señalando toda la importancia de los trabajos de Schmitt: "Si algún día remoto los europeos, tanto los que se dicen de izquierdas como sus iguales de la derecha, consiguieran curarse de su gozosa regresión a la infancia y despertasen de esa adánica quimera kantiana, la de la paz universal, acaso redescubrirían que la fuerza constituye el argumento único del orden mundial. Europa quiere olvidar en qué consiste la esencia misma del poder, algo que norteamericanos y rusos han dejado de tener presente nunca. Aunque nada más prosaico que la naturaleza del poder, esa optima capacidad de conseguir que los demás hagan lo que uno quiere y de evitar que hagan lo que ese mismo uno no quiere. Sin embargo, la Europa instalada en su fantasía posmoderna insiste en pretender que el ungüento balsámico del libre comercio obrará el prodigio de ladear a la violencia organizada en tanto que artífice del orden planetario". Ah, el buenismo.

"El hermano pequeño de Peter Pan intentando plantar cara a Hobbes". Algo que nos afecta, no sólo en lo intelectual sino también en nuestra cuestión territorial para la que o llamamos a Schmitt o aceptamos la descomposición. "Así, merced a la gran lucidez estratégica que nos guió en los Balcanes, se creó el precedente jurídico que habrá de legitimar la desmembración de España llegado el momento. Por cierto, una aséptica carnicería aerotansportada, la de Yugoslavia, para la que a Javier Solana no le hizo falta la bendición del Consejo de Seguridad de la ONU.

Y no se nos olvide, "cierta Elena Valenciano declamó la gran frase que la hará pasar a la Historia: "el buenismo es la línea estratégica del futuro en la política exterior mundial". Por supuesto, Kelsen se equivocaba, en lo que hace a España, sobre cómo defender la Constitución. Y lo vamos a ver, afortunadamente con las luces que este volumen nos añade tan a tiempo.

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