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18 julio 2018. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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NOVELA DE SENTIMIENTOS

"El Árbol de las Verdades" de Blanca García-Valdecasas toca el corazón

Hay historias de ficción que nos alejan del devenir cotidiano, y otras que nos lo hacen ver bajo un prisma más profundo, reconociendo en la narración los altibajos de nuestra propia vida.

 
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Blanca García-Valdecasas. <i>El Árbol de las Verdades.</i> Ciudadela. Madrid, 2008. 302 pp. 17 €
Blanca García-Valdecasas. El Árbol de las Verdades. Ciudadela. Madrid, 2008. 302 pp. 17 €
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Blanca García-Valdecasas ha recibido, entre otros, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio de Narrativa Ramón Gómez de la Serna que otorga el Ayuntamiento de Madrid. Domina el arte de involucrar al lector sin necesidad de recursos llamativos, sólo con la fuerza del lenguaje y la verosimilitud de las escenas.

El Árbol de las Verdades es la tercera novela que publica con Ciudadela (tras el éxito de Por donde sale el sol y Clara de ninguna parte), y no va a defraudar a sus seguidores. García-Valdecasas no crea una trama artificial o excepcional: podría habernos ocurrido a cualquiera. Fernanda, una abogada de éxito de mediana edad que arrastra un pasado de fracasos sentimentales (se enamoró de quien no la quería, y se casó con quien tampoco la quería), sufre un accidente de tráfico que le obliga a guardar reposo en casa. Para ayudarla contrata a una estudiante de Medicina, Elisa, y toda la novela reposa sobre las relaciones entre la joven aspirante a oftalmóloga, su "jefa", y sus dos hijos, Miguel y Victoria.

Esas relaciones tienen lugar en dos momentos: a principios de los noventa, cuando Elisa entra en la casa –estará poco más de un año, hasta que una circunstancia clave le obligue a abandonarla-, y en torno al año 2000, en que todos los personajes se reencuentran tras años de alejamiento. Ese salto argumental se resuelve bien y nos enfrenta a la ambivalente sensación del pasado cuando ha habido en él acontecimientos decisivos: "Callando aceptaba aquella certeza triste en el inventario de obligaciones... Pero ¿la Alegría no tenía que estar también ahí, siempre? Las dos cosas, alegría y tristeza, formando el entramado de la vida". Un entramado que incluye también la verdad y la mentira, y si estamos dispuestos a mentir por las personas que queremos.

Tanto la familia de Fernanda como la familia de Elisa –que dispone en la novela de una línea argumental propia- presentan problemas familiares de todos conocidos por experiencia propia o muy próxima: amores, desamores, comprensiones e incomprensiones, hermanos unidos, cuñados desunidos, recelos por la posición social o las expectativas económicas...
 
García-Valdecasas sabe que cuando crea el mundo de sus personajes, recrea el nuestro propio, y por eso nos toca el corazón. No nos plantea dilemas nuevos, pero nos obliga a reflexionar sobre dilemas no superados, cuando el alma se encoge por la nostalgia. De su mano echamos la vista atrás, con la posibilidad de librarnos -a diferencia de Fernanda- del sentimiento de haber fracasado en la vida.

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